El fruto del cacao crece literalmente en árboles, siendo su aspecto silvestre el de bayas que cuelgan de unos árboles de entre 12 y 18 metros de altura conocidos en botánica como "Theobroma cacao", que significa "alimento de los dioses". Este árbol tropical de ramas extendidas y de hoja perenne ha crecido silvestre en Centroamérica desde tiempos prehistóricos. También se le halla en América del Sur, África y parte de Asia.
Los indios mayas de México empezaron a ingerir un tipo de chocolate tan pronto como el 600 A.C. A partir de ese momento, adoraron el fruto del cacao como si de un ídolo se tratara, literalmente un maná caído de los cielos.
Los mayas creyeron que el fruto del cacao tenía temibles poderes mágicos, y los sacerdotes lo emplearon con sumo cuidado en rituales, ceremonias religiosas y curaciones. Los maya hacían uso del cacao como medicina para tratar la fiebre, la tos e incluso los malestares durante el embarazo.
Los mayas adoraban un dios, Ykchaua, que devino el patrón de los comerciantes de cacao.
Los mayas fueron los primeros en inventar la bebida de cacao, un brebaje caliente considerablemente amargo preparado con bayas molidas de cacao y especias.
Posteriormente, los indios aztecas mejoraron la receta, endulzándola con vainilla y miel. Llamaron a su bebida "xocoalt" (que se pronuncia de modo parecido a "chocolatl"), y que significa "agua amarga".
En la mitología azteca, el dios de la agricultura, Questzalcoatl, viajó hasta la tierra trayendo consigo el árbol del cacao del Paraíso para infundir entre los hombres sabiduría y poder.