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Soñando canciones

Desierto de arena y piedra, bolas de ramas secas ,grandes montañas, nieve que se adivinaba y molinos de viento.
Pudiese haber elegido sentirme protagonista de una movieroad, de esas en que los personajes huyen de mafiosos, con un millón de dólares en una maleta vieja y un montón de cigarrillos en el cenicero escuchando en la radio los Beach Boys, pero entonces no fumaba, y en la radio, por algún extraño misterio, sonaba Sabina.

A las horas, me deje vencer por el sopor, ni siquiera me sorprendió ver una cabina de teléfono al lado de la carretera, me estaba acostumbrando a los contrastes, esa mole de vidrio y metal no tenía mucha importancia frente a la verdad del horizonte. Era obviable en mi paisaje.

Con los pies en el salpicadero, y mi gorro nuevo de Calamity Jane, incline un poco más el asiento, nunca había sentido tanto sueño, el desierto me engullía como si yo misma fuese una mota de polvo que se deja arrastrar hacia delante, sin saber donde va a llegar.

La noche venía cargada de luces y de soledad, de pequeñez dibujada en los contornos de mis parpados pesados, en aquel templo de silencio, un escalofrió me advirtió, rompiendo el cielo estrellado de la noche, empecé a adivinar la ciudad, las sirenas de las ambulancias, los gritos de miedo y las mentiras disfrazadas.

El hotel era inmenso, y a mi me parecía estar prisionera en la torre de un mago malvado, mi compañero de viaje hacía rato que había sucumbido al encanto de los carteles luminosos y las ofertas de los casinos, la tristeza de los escaparates de las tiendas de empeño y los programas de televisión.

Después de tres días, nos encontramos sentados en un autobús que nos aparcó en un mirador.

Estábamos en El Gran Cañón del Colorado.

Todos los turistas hacían fotos compulsivamente, sus gafas de sol me asustaban, me aleje del camino trazado por ordenadas hileras de piedra moldeada y me senté en una roca, abajo,a lo lejos, tres figuras bajaban corriendo por el cauce del rió, eran los rangers.

EL Sol empezó a ponerse, y yo seguí sentada, en silencio, sobrecogida y amparada por la grandeza del momento, escuche unos aullidos, que lejos de asustarme, entendí como un saludo, miré la hora, el reloj se había parado y el autobús no estaba donde debía estar.

Un coche con dos divertidos turistas alemanes nos recogió, a mi me parecieron ángeles, luego un camarero mejicano nos puso delante el mejor bistec del mundo, y yo no podía dejar de pensar en los lobos y en su lamento, esa noche soñé canciones.

2003-04-06 16:53 | 2 Comentarios


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Comentarios

1
De: el paseante Fecha: 2003-04-06 20:35

Este post me ha dejado sin aliento, una especie de On the Road sonámbulo en el que carreteras vertiginosas proyectaran imágenes intensas de cielos estrellados en la noche asfaltada. Genial.



2
De: Angi Fecha: 2003-04-06 23:05

Desde allí, hasta las estrellas parecian más cerca, las águilas volaban más bajo y los ciervos venían a saludar...pero eso ya es otra historia...



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