Tenía 19 años, y había querido mucho a la madre de su padre, la cual le enseño algunas cosas… de esas que se huelen al pasar los años…pero ella aún no lo sabía, tenía solo 19 años.
Casi todos creían que la abuela Lucía había muerto tras comer unas setas que fueron a recoger aquella tarde de otoño; María sabía perfectamente que esa no era la causa de la muerte, pues ella también las había probado y lo único que le ocurrió fue un cambio apenas perceptible en el color de los ojos.
Pero no dijo nada a nadie.
Acudió al entierro, y no lloró.
Esa tarde, tras las misas, sin pensarlo dos veces, se llenó de migas apretadas y suculentas el bolsillo del abrigo y se encaminó al bosque. Pronto llegaría el ocaso y si no quería andar a oscuras tenía que darse prisa.
El sendero, abrigado de acebos, parecía saber de su secreto, hasta el arrendajo permaneció en silencio al verla pasar. María sabía muy bien donde ir, aunque no recordaba el camino.
No hacía ni dos días…recordaba nostálgica, salió a pasear con su abuela, se detuvieron largo tiempo a conversar y a beber un sorbo de agua junto a un haya. Acomodadas en el mullido suelo de hojas secas, Lucía le explicaba que había algunos lugares en el bosque que tenían el poder de hacer sentir bien a las personas. Ese era uno de ellos.
Tristeza y desamparo…estaba perdida.
Nadie allí, sin embargo, para darle la mano, nadie que borrase el miedo de su semblante.
Miro al árbol, como si este supiera algo, tal vez alguna señal…algo que debía saber…pero nada. Solo el devastador silencio.
Se sentó apretando a su pecho el chal azul, se hizo un ovillo con las piernas y apoyó su cabeza en el tronco del viejo árbol, el perfume del musgo embriagó sus sentidos y mientras la tarde declinaba hacia la noche, Maria se fingió dormir.
La sensación de que le faltaba algo, como si una parte de su alma estuviese ahora amputada de cuajo y sin anestesia. Un dolor opresivo en el centro de su vientre provocado por la resistencia a dejar brotar el llanto.
El arroyo seguía cantando, y ella lo miraba, apoyada aún en el árbol, como esperando: un secreto, un consuelo, un abrazo… ¡ Que bajasen esas ramas fuertes y la llevaran al más allá! ¡Que el rió se hiciera humano y le enjuagara el corazón!
Pero ni el árbol ni el río eran humanos, y no sabían de su desolación.
Una piedra empezó a molestarle en la pierna, una maldita y pequeña piedra que no debía estar ahí…la asió entre sus delgados dedos con rabia y la lanzó.
- Ay!
- ¿Quien hay ahí?
- Tranquila, no te asustes, soy yo, el hijo del panadero, Manuel.
- ¿Qué haces? ¿Me has seguido?
Maria se quedó un rato escuchando los pasos que se acercaban a donde estaba sentada, Manuel se sentó frente a ella, miró el árbol, al arroyo y luego la miró a ella, sonrió afectuosamente y le tendió un trozo de tela que envolvía un objeto.
- Disculpa, yo también estuve en el funeral, y no te vi llorar, se que Lucia y tu estabais muy unidas desde que murió tu madre, y como estabas tan callada y alejada de todos…bueno…te seguí hasta aquí. Además, ella me pidió que te diese esto.
- ¿Mi abuela?
- Si, fui a verla antes de morir, dijo que te protegería siempre, y que sabrás que es. Me encargó dártelo y decirte que no olvides tu linaje, ni el lugar del que procedes.
- ¿Y que lugar es ese? Tú pareces conocer muy bien a mi abuela, con esas reuniones secretas…
- No te enfades por favor, ella y yo hablábamos a veces…además, parece que has encontrado tu sola el lugar.
- Ya veo…bien. ¿No vas a darme eso?
- Claro…por supuesto. Toma, es tuyo.
Maria miró la tela, seda azul, de esa que le gustaba tanto a Lucia…
Aunque supo que había sin necesidad de abrir el hermoso lazo que con amor y paciencia su abuela le había dedicado hasta el último momento…
Acogiendo en su regazo el objeto…dejó caer el llanto. El haya dejó caer una última hoja, y el arroyo cantó acerca de la vida.
- Gracias.
- Gracias a ti.
Y se quedaron un rato sin hablar, porque no hacía falta.
…continuará…
La foto es de Yildelen, que amablemente me la ha prestado un rato para que escuchara a ese haya, y a ese bosque…y hay más en La Guarida del Mapache, aquí, en Blogalia.