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©2002 angelie

Rosa de Alejandría








Rosa de Alejandría, rosa amarilla.
Alejarme quiero. Adentrarme en el silencio.
Alejarme quiero
de esta vida que yo vivo sin convencimiento.
Y adentrarme en el tiempo de las luces,
barros vivos encendidos por la manos
del misterioso alfarero.
Alejarme quiero. Adentrarme en el silencio.
Caminar sereno. Abandonar esta senda.
Alejarme quiero.
Andar en los atrojes
con las golondrinas de azuladas plumas.
Convertirme en caja de medir fanegas,
arrobas, celemines; ser trigo en las eras,
nunca polvo en las aceras.
Rosa de Alejandría, rosa amarilla.
Hoy has de ser mi guía, la luz que brilla.
Faro de mediodía, rosa sencilla.
Rosa de Alejandría, rosa amarilla.
Con las flores de un campo encendido
como un San Francisco entre jarales vivos
de lagartos, vivo.
De quimeras me alimento,
con simplezas me contento.
Mozas de risueño gesto en calma me encuentran
como a un Góngora perfecto,
perviviendo lejos del bullicio,
con mi rosa amarilla, con mi rosa de los precipicios.
Alejarme quiero. Adentrarme en el silencio.
Alejarme quiero. Abandonar esta senda.
Alejarme quiero.
Rosa de Alejandría, rosa amarilla.
Hoy has de ser mi guía, rumbo entre islas.
Faro de mediodía, rosa sencilla.
Rosa de Alejandría, rosa amarilla.



Manolo Garcia

2003-12-05 18:12 | 21 Comentarios


o




De todas las vocales...la O es nuestra preferida, y como bien me dijo el sabado alguien...seguro que Ona sabe más vocales de las que me imagino.

Me encanta aprender las vocales.

2003-12-05 03:24 | 9 Comentarios


bandera blanca





Que lástima…parece ser que más de uno ha cerrado el blog.


Unos de momento, otros ni se sabe.
Y ni son vacaciones ni ha llegado la Navidad.

La verdad, a mi me sabe muy mal, ustedes los que me leen de vez en cuando, ustedes que están a ese otro lado del espejo, en l@s que pienso cuando dedico unos momentos de mi a veces extraño tiempo, con quienes comparto sensaciones en forma de letras, mas o menos acertadas o de su agrado…ustedes saben a que me refiero, aunque no se referirme a quien.

La verdad, el quien no me importa mucho.

Tengo, entre muchas, la rara costumbre de creer en la bondad intrínseca del ser humano.
Esta rareza conlleva un comportamiento a veces difícil de entender, por mi la primera.

Pero al final resulta que no.

Al final resulta que San Sagaz tiene razón, que hay buenas razones para luchar, y que una de ellas es la bondad.

Una amiga me decia que no me metiera en problemas…bueno, pues no le voy a hacer mucho caso, con todo mi cariño, no le voy a hacer caso,y me voy a meter en un problema al declarar aquí que aún queda gente realmente hermosa en esta cosa que algunos llaman blogoloquesea, y como me enorgullezco de vivir allá…..en una de las más lejanas galaxias….me apetece muchísimo manifestar que ya esta bien de malos rollos, criticas destructivas, mentiras, falta de respeto, amenazas, competencias injustificadas…yo que se…un montón de cosas que aún parece gustan a unos pocos…pues al final resulta que siempre acaban siendo pocos, y solos.

No es mi intención levantar ampollas o rascar heridas, y espero de todo corazón que lean esto con el respeto con que lo he escrito.


No es este un post que me guste escribir, en absoluto, pero amig@s, quiero seguir disfrutando de escribir y de su compañía, que hay muy buena gente por aquí y allá.





2003-12-03 04:13 | 23 Comentarios


4 dias




Me voy a hacer el indio unos dias y Belatza no esta...en fin...sea donde sea que esté si se pasa usted por aqui... ahí le dejo un girasol, para los dias de lluvia.

Y como dicen que las cosas buenas son mejores compartidas, me place invitarles a todos a disfrutar de su imagen, si les evoca buenos recuerdos, mejor que mejor, y como decia una de mis abuelas, son cuatro dias...a vivirlos y disfrutarlos.

Bueno, ahora que lo pienso, eso nunca me lo dijo mi abuela.





2003-12-01 21:19 | 6 Comentarios


Hirilorn, la hija del haya.




+ Aquí os presento la historia completa que empecé a escribir no recuerdo cuando y que no se cuando terminaré;...de todas formas, por hoy concluye aquí.
He incluido la primera parte, hay algunos cambios que me parece la hacen más coherente.

Muchas gracias por la paciencia que habéis demostrado y por los ánimos que me regaláis en vuestros comentarios generosamente, al referiros a mis intentos de hacer, un día de estos, alguna buena sopa de letras.

Gracias de nuevo a Yildelen por su foto

Gracias de nuevo a Elendili, por su presencia, su amor y su dedicación a la vida y al arte de vivirla.






Tenía 19 años, y había querido mucho a la madre de su madre, quien le enseño algunas cosas… de esas que se huelen al pasar los años…pero ella aún no lo sabía, solo tenía 19 años.

Casi todos creían que la abuela Lucía había muerto tras comer unas setas que fueron a recoger aquella tarde de otoño; María sabía perfectamente que no, pues ella también las había probado y lo único que sintió fue un cambio apenas perceptible en el color de sus ojos.

Pero no dijo nada a nadie, acudió al entierro, y no lloró.

Esa tarde, tras las misas, sin pensarlo dos veces, se llenó de migas apretadas y suculentas el bolsillo del abrigo y se encaminó al bosque.
Pronto llegaría el ocaso y si no quería andar a oscuras tenía que darse prisa.

El sendero, abrigado de acebos, parecía saber de su secreto. El arrendajo permaneció en silencio al verla pasar. Aunque no recordaba el camino, María sabía muy bien donde ir.

No hacía ni dos días… salió a pasear con su abuela. Se detuvieron largo tiempo a conversar y a beber un sorbo de agua junto a un haya. Acomodadas en el mullido suelo de hojas secas, Lucía le explicaba que había algunos lugares en el bosque que tenían el poder de hacer sentir bien a las personas. Y ese era uno de ellos.


Tristeza y desamparo…estaba perdida.
Nadie allí para darle la mano, nadie que borrase el miedo a la soledad que presentaba su semblante.




Se sentó junto al árbol de los recuerdos, apretando a su pecho el chal azul. El perfume del musgo embriagó sus sentidos y mientras la tarde declinaba hacia la noche, Maria se fingió dormir.

La sensación de que le faltaba algo, como si una parte de su alma hubiese sido amputada de cuajo, embargaba su ser. Un dolor opresivo en el centro de su vientre, provocado por la resistencia a dejar brotar el llanto, llenaba su conciencia.

El arroyo seguía cantando y ella lo escuchaba.
Apoyada aún en el árbol, como esperando un secreto, un consuelo, un abrazo… ¡Que bajasen esas ramas fuertes y la llevaran al más allá! ¡Que el río se hiciera humano y le enjuagara el corazón!

Pero ni el árbol ni el río eran humanos y le parecía que no sabían de su desolación.

Una piedra empezó a molestarle en la pierna, una maldita y pequeña piedra que no debía estar ahí…la asió entre sus delgados dedos con rabia y la lanzó.

- ¡Ay!
- ¿Quién anda ahí?
- Tranquila, no te asustes, soy yo, el hijo del panadero, Manuel.
- ¿Qué haces? ¿Me has seguido?

Manuel se acercó, miró el árbol, miró al arroyo y luego la miró a ella.

- Disculpa, yo también estuve en el funeral, y no te vi llorar. Se que Lucia y tu estabais muy unidas desde que murió tu madre, y como permaneciste tan callada y alejada de todos…bueno…te seguí hasta aquí. Además, ella me pidió que te diese esto.- Dijo tendiéndole un trozo de tela que envolvía algo.

María le miró sorprendida observando la expresión de su rostro.

- ¿Mi abuela te dio eso para mí?
- Si, fui a verla antes de morir. Sabrás que es. Me encargó dártelo y decirte que no olvides tu linaje, ni el lugar del que procedes.

Contrariada y celosa se apresuro a contestar al intruso con una pregunta:

- ¿Y que lugar es ese? Pareces conocer muy bien a mi abuela, con esas reuniones secretas…
- No te enfades por favor, ella y yo hablábamos a veces…además, parece que has encontrado tú sola el lugar.
- Ya veo… ¿No vas a dármelo?
- Claro…por supuesto. Toma, es tuyo.

Maria miró la tela, seda azul, la que le gustaba tanto a Lucia…
Supo que envolvía sin necesidad de liberar el hermoso lazo de su nudo.
Con amor y paciencia, su abuela le había dedicado hasta el último momento…

Acogiendo en su regazo el objeto…dejó caer el llanto. El haya dejó caer una última hoja, y el arroyo cantó acerca de la vida.

- Gracias.

Y se quedaron un rato sin hablar, porque no hacía falta.

Y porque no hacía falta, no encendieron ni fuego ni lumbre alguna.
Quedaron en la tenue oscuridad, el arroyo brillaba bajo la luz de la luna llena y el bosque empezó a murmurar con las voces de la noche.

- ¿Cuanto tiempo llevabas espiando?- Dijo Maria en voz baja.
- Te seguí desde que te fuiste, así que estuve junto a esa roca todo el tiempo…pensé en decirte algo…pero no sabía como reaccionarias, así que decidí esperar, casi me estaba durmiendo cuando me lanzaste la piedra.
- Yo no te lancé ninguna piedra, parece que hoy nada esta en su sitio, ni las piedras, ni tú, ni yo. No se que hago aquí. Vine con la esperanza de encontrar consuelo, pero solo conseguí sentirme más sola y triste, ya no esta… y ahora no tengo con quien hablar de las cosas que solo ella y yo entendíamos…

Manuel le dio la mano.

- ¿No vas a abrir lo que te he traído?
- No hace falta, ya se que es.
- Supongo…pero aún así…me gustaría verlo.

María calló un rato, el chico no parecía mala gente, y estaba siendo amable, además, parecía que Lucía y él se entendían bien, no le hubiese entregado la daga si no fuese así.
Pero… ¿Por qué se la dio a él?

- Manuel, ¿No te dijo nada más cuando te dio esto?
- Dijo que durante un tiempo estarías enfadada, que no querrías hablar con nadie y que tal vez vinieses a pasear sola entre los árboles, entonces yo debía entregarte esto.

Despacio y con calma, Maria liberó el lazo de la seda, y al contacto con sus manos, la daga pareció brillar, no estaba fría, su tacto era suave y dulce, como la mirada de Lucia. Las curvas de la empuñadura bailaban como hojas al viento bañadas de rocío en la mañana, parecía querer hablar.


La daga de su abuela…la fuerza de su abuela.
Manuel se quedó un rato sin articular palabra.


- ¿Perteneció a alguien antes que a tu abuela?


La luz de la memoria…

- Fue de Elena, la madre de Lucía.
- ¿La conociste?
- Si, yo nací cuando mi madre, Alba, apenas había cumplido los 18, se enamoró de un viajero errante que vino por las fiestas de la cosecha, ella entonces trabajaba ordenando y desordenando documentos en los archivos de la biblioteca del profesor que entonces enseñaba aquí, buscando pistas acerca de algo que desconozco, pero que ha mantenido ocupada incluso a Lucía durante años y años…

La sonrisa de la memoria…


"Una tarde de primavera, fueron a merendar al lago, cuando volvieron, le anunciaron a Lucia que habría otro cubierto en la mesa, al poco tiempo nací y…como sabes, mi madre murió cuando yo solo contaba 8 años.
El camión de la Compañía de la Madera sufrió un accidente, al soltarse los amarres que sujetaban la mercancía, cayeron los troncos…siempre me ha parecido una broma…ella iba en su bicicleta roja a enviar una carta a la oficina de correos, ella, que amaba el bosque, murió sepultada entre toneladas de pinos. Mi padre se fue y no supe más de él. Lucía me cuidó desde entonces y me enseño todo lo que sabía.

…Recuerdo a Elena sentada frente a la chimenea, y recuerdo también a Miguel.
Por las noches me quedaba junto a ellos, con la cabeza apoyada en el lomo de Tuor, el perro.
Elena nos contaba cuentos, recuerdo que siempre le pedía uno más, y ella me sonreía y decía que ya era muy vieja para uno más, entonces Miguel se reía. Mi abuela, que solía escuchar desde la cocina, decía que la culpa de todo la tenían las migas de su padre, y nos mandaba a todos a la cama, con la promesa de que si nos portábamos bien, mañana habría pastel de postre."




La noche ceñía ya el bosque y Manuel escuchaba a María contar la historia de su familia, empezaba a comprender el dolor de ella, empezaba a comprender su vacío.

Un búho ululó entre el ramaje de alguna encina que poblaba el viejo bosque, un ratón se quedó quieto y una nube que había ocultado la Luna momentáneamente, siguió su recorrido hacia lluvias o tormentas lejanas.
La daga volvió a brillar en las manos de la joven.


- He de explicarte algo María.- Dijo él como si fuese lo primero que decía en su vida, como si hubiese esperado siempre ese momento- Esa daga no es la única, y lo que Elena, Lucía y tu madre investigaban en la biblioteca esta en una caja de madera negra con unas inscripciones plateadas, en la buhardilla de tu casa.


Ella le miró, había lágrimas en sus ojos. Confió en él.

El muchacho se puso en pié, invitándola a levantarse, la guió hacia el otro lado del haya, una piedra musgosa y grande parecía recibir encantada un rayo de Luna.
Manuel con extremada delicadeza, levantó la roca, hurgó entre la tierra y de su vientre preñado de primavera, extrajo un objeto.
Volvió a colocar la piedra tal cual había permanecido, inalterable, quien sabe cuanto tiempo había pasado desde que Elena y Miguel la escogieron para guardar su secreto. Quien sabe porque lo hicieron…

Maria aceptó lo que las manos de Manuel le tendían con respeto, un escalofrío recorrió su brazo hasta la base de su espalda, ascendiendo hasta su cuello.

La daga había despertado. Una piedra de mar reposaba en ella, una piedra con una puerta abierte que mostraba los caminos de las estrellas.

En silencio, y sin saber porque, bañaron en las aguas cristalinas el legado que había sido encomendado a su cuidado y en silencio también, depositaron las dagas, juntas,hermosas en las hojas, que crujieron al sentir el peso del metal.

Manuel habló entonces:

- Una tarde paseaba justo por aquí y me detuve, estaba cansado, y quise sentarme, vi a Lucía inclinada junto al arroyo, limpiando algo que brillaba en su mano, un rayo de luz amarilla se proyectaba en las hojas del haya, que parecía susurrar esas canciones que solo entienden los árboles.
Al verme, sonrió y me pidió que me acercara.
Los ojos de Lucia tenían ese extraño color que os caracteriza a las mujeres de tu familia, parecéis venir de otro mundo, por eso hay quien os teme, pero eso ya lo sabías…
Estuvimos juntos casi todo el día, y me dijo que bajo la piedra reposaba la compañera de la daga que perteneció a su madre y luego a ella.
Tu abuela era una mujer sabia, cuando sus padres murieron le encomendaron la tarea de ser la memoria del pasado, de continuar con el trabajo que ellos habían iniciado cuando eran jóvenes.


Eso es lo que Lucia también esperaba de ti.
Tu madre quiso decírtelo cuando crecieses, pero no pudo, así que tu abuela esperó el momento oportuno, cuando supo cual era ese momento, me dio la daga y me dijo que te mostrase a su compañera, que te enseñase donde esta escondida la caja y que tu decidieses si querías abrirla.

- ¿Cuándo dices que fue eso?
- Justo el día que vinisteis a recoger las setas. Vino a verme esa noche mientras trabajaba en el horno, me dio la daga y me indicó el lugar donde podías encontrar todo lo que necesitaras.

La noche continuaba su viaje hacia el amanecer, y los dos jóvenes permanecieron unos tiempos callados, Maria rompió el silencio con una frase que Manuel recordaría toda la vida:


- Tengo unas migas en el bolsillo.

- Cuentan que es peligroso comer migas en el bosque, sobretodo si la Luna es llena y se está al lado de una bruja.

Respondió él, mientras masticaba el suculento manjar.

La hojarasca les cubría, se habían abrigado de bosque.

Al despertar el día envolvieron las dagas en el chal de Maria y se encaminaron hacia los márgenes del pueblo.


Al llegar a la buhardilla encontraron la caja en el lugar que esperaban.

Maria se puso a reír, feliz.

- Ella sabía que la abriría…siempre lo supo.
- Si, de hecho me dijo que no tardarías ni dos horas desde que te lo dijera…ha pasado la noche entera…
- Lo se, pero se estaba tan bien en el bosque…


Un anillo, muy antiguo, un mapa, muy viejo,un diccionario, extraño, una carta, en ingles.

La misiva estaba firmada por el hijo de un artista, en el sobre estaban escritos los nombres de Elena y Miguel, era la respuesta a una pregunta que le habían formulado hacía algún tiempo…

Maria se sintió explotar de gozo y plenitud.

- Tengo algo que hacer.

Cogió el anillo, la carta , el mapa, el diccionario y se sentó a escribir una historia…



























2003-11-26 21:44 | 20 Comentarios


Hirilorn, o una de sus hijas.






Tenía 19 años, y había querido mucho a la madre de su padre, la cual le enseño algunas cosas… de esas que se huelen al pasar los años…pero ella aún no lo sabía, tenía solo 19 años.

Casi todos creían que la abuela Lucía había muerto tras comer unas setas que fueron a recoger aquella tarde de otoño; María sabía perfectamente que esa no era la causa de la muerte, pues ella también las había probado y lo único que le ocurrió fue un cambio apenas perceptible en el color de los ojos.

Pero no dijo nada a nadie.
Acudió al entierro, y no lloró.

Esa tarde, tras las misas, sin pensarlo dos veces, se llenó de migas apretadas y suculentas el bolsillo del abrigo y se encaminó al bosque. Pronto llegaría el ocaso y si no quería andar a oscuras tenía que darse prisa.

El sendero, abrigado de acebos, parecía saber de su secreto, hasta el arrendajo permaneció en silencio al verla pasar. María sabía muy bien donde ir, aunque no recordaba el camino.

No hacía ni dos días…recordaba nostálgica, salió a pasear con su abuela, se detuvieron largo tiempo a conversar y a beber un sorbo de agua junto a un haya. Acomodadas en el mullido suelo de hojas secas, Lucía le explicaba que había algunos lugares en el bosque que tenían el poder de hacer sentir bien a las personas. Ese era uno de ellos.

Tristeza y desamparo…estaba perdida.
Nadie allí, sin embargo, para darle la mano, nadie que borrase el miedo de su semblante.



Miro al árbol, como si este supiera algo, tal vez alguna señal…algo que debía saber…pero nada. Solo el devastador silencio.

Se sentó apretando a su pecho el chal azul, se hizo un ovillo con las piernas y apoyó su cabeza en el tronco del viejo árbol, el perfume del musgo embriagó sus sentidos y mientras la tarde declinaba hacia la noche, Maria se fingió dormir.

La sensación de que le faltaba algo, como si una parte de su alma estuviese ahora amputada de cuajo y sin anestesia. Un dolor opresivo en el centro de su vientre provocado por la resistencia a dejar brotar el llanto.

El arroyo seguía cantando, y ella lo miraba, apoyada aún en el árbol, como esperando: un secreto, un consuelo, un abrazo… ¡ Que bajasen esas ramas fuertes y la llevaran al más allá! ¡Que el rió se hiciera humano y le enjuagara el corazón!

Pero ni el árbol ni el río eran humanos, y no sabían de su desolación.

Una piedra empezó a molestarle en la pierna, una maldita y pequeña piedra que no debía estar ahí…la asió entre sus delgados dedos con rabia y la lanzó.

- Ay!
- ¿Quien hay ahí?
- Tranquila, no te asustes, soy yo, el hijo del panadero, Manuel.
- ¿Qué haces? ¿Me has seguido?

Maria se quedó un rato escuchando los pasos que se acercaban a donde estaba sentada, Manuel se sentó frente a ella, miró el árbol, al arroyo y luego la miró a ella, sonrió afectuosamente y le tendió un trozo de tela que envolvía un objeto.

- Disculpa, yo también estuve en el funeral, y no te vi llorar, se que Lucia y tu estabais muy unidas desde que murió tu madre, y como estabas tan callada y alejada de todos…bueno…te seguí hasta aquí. Además, ella me pidió que te diese esto.
- ¿Mi abuela?
- Si, fui a verla antes de morir, dijo que te protegería siempre, y que sabrás que es. Me encargó dártelo y decirte que no olvides tu linaje, ni el lugar del que procedes.
- ¿Y que lugar es ese? Tú pareces conocer muy bien a mi abuela, con esas reuniones secretas…
- No te enfades por favor, ella y yo hablábamos a veces…además, parece que has encontrado tu sola el lugar.
- Ya veo…bien. ¿No vas a darme eso?
- Claro…por supuesto. Toma, es tuyo.

Maria miró la tela, seda azul, de esa que le gustaba tanto a Lucia…
Aunque supo que había sin necesidad de abrir el hermoso lazo que con amor y paciencia su abuela le había dedicado hasta el último momento…

Acogiendo en su regazo el objeto…dejó caer el llanto. El haya dejó caer una última hoja, y el arroyo cantó acerca de la vida.


- Gracias.
- Gracias a ti.

Y se quedaron un rato sin hablar, porque no hacía falta.


…continuará…


La foto es de Yildelen, que amablemente me la ha prestado un rato para que escuchara a ese haya, y a ese bosque…y hay más en La Guarida del Mapache, aquí, en Blogalia.

2003-11-25 03:31 | 14 Comentarios


Sopa de letras




" Lo bien hecho, bien parece".

Dice un personaje en un libro.

Tengo en el puchero una sopa de letras, mientras...les dejo en buena compañia.

2003-11-23 01:33 | 15 Comentarios


Puentes



Me alejo del mar, del viento, de la arena mojada.
De ruinas griegas y antiguos pactos obsoletos , sin sentido.
Me voy del miedo.



Invisible, silenciosa… camino.
Busco en pedazos rotos del pasado una razón de existir.
Pero no hay razones, no hay dilemas.

Solo camino.


Me alejo del mar, del viento , de la arena áspera.
Me aquieto en tus labios de miel y perfumo tu alma de lugares comunes.
Vivo en las mil fronteras de los libres.

A ratos…a ratos me pierdo.


Y sigo caminando, entre gente que no me conoce.
Y cruzo puentes y bebo del agua de los ríos.
Me alejo del mar, del viento ,de la solitaria arena.




2003-11-19 03:50 | 11 Comentarios


Chocolate




Ahí va una pastilla de chocolate, marca Cruz Roja, la preferida de las enfermeras.

Sirve para curar todo tipo de dolencias y desperfectos.

* Quien ya sabe puede repetir.

2003-11-16 04:13 | 11 Comentarios


La trampa





El Capitán Arrow, de pié ante el tribunal, se concentraba en la voz del fiscal, le acusaban de traición, deserción y cobardía.
Escuchaba los cargos que se le imputaban, mientras, ajeno a toda emoción, recordaba el momento en que fue hecho prisionero, cuando los soldados entraron en los tipis y mataron o se llevaron a familias enteras.

A él le solo le maniataron.

Arrow, conocido tiempo antes entre sus soldados como El Implacable, había abandonado el ejército y se había retirado a las montañas en compañia de una de las últimas tribus.

El como o el porque de aquella decisión, había que buscarlo en los recodos de su memoria, motivo que, sin embargo,poco importaba a aquellos hombres y mujeres que con la Biblia en la mano administraban justicia.

Sentado en el duro banco , aturdido por los golpes aún, miraba al juez buscando un resquicio de humanidad, bajo su blanca y peinada peluca .

- ¿Algo que alegar en su defensa, Arrow?- Preguntó el viejo encendiendo un cigarro.

- No solo en la mía, señor. Pues lo que ustedes consideran un acto de traición, es para mí un honor digno de cualquier hombre americano que no se sienta culpable de serlo.

Un murmullo de reproches llenó la estancia.
Arrow, tras esperar el cese de las voces, continuó:

- Contaré mi historia para quien quiera escucharla, aunque se que pocos la entenderán…

Sabíamos que más de 20 familias de Minneconjou se habían escapado de la Reserva, violando con ello el Tratado de Standig Bear.El Gobierno no podía consentir esta falta de respeto hacia la autoridad, y por ello, nos encomendaron la misión de recuperarlos y llevarlos, como fuese, de nuevo a Dakota.

Llevaban días de ventaja,y nadie quería cruzar las Bad Lands en aquel año de heladas. Aún así, conseguí reclutar a unos voluntarios y nos preparams para salir en su búsqueda y captura.

Partimos una fría mañana de Diciembre, cuando la escarcha rompia el alba.

Los indios borraban sus huellas, sería muy difícil encontrarlos y traerlos de vuelta.

Tras dos duras semanas, cuando las provisiones y las medicinas escaseaban, decidimos regresar.Ya había perdido a 3 de mis mejores soldados y el invierno no era clemente.
La idea de una chimenea y unas lonchas de jamón ahumando pareció reavivar la fuerza en los soldados, y con ese nuevo objetivo, volvimos sobre nuestros pasos.

Llevábamos un par de días en dirección a la Reserva cuando una de las tormentas más crueles que vimos jamás, llegó desde el Oeste.

Intentamos agruparnos para plantarle cara al viento, pero éste era mucho más fuerte que nosotros. Nos refugiamos en una grieta que encontramos en una colina; pero al adelantarme para recuperar la lona de la carreta, un nuevo azote de aire helado me arrastró hacia abajo por un precipicio .Caí y caí hasta detenerme en unas matas de espinos.

Al recuperar la consciencia,vague perdido.Sin comida ni agua, llegué a los lindes de un bosque de árboles rojos.
Me adentré en él.
No podía dejar de andar, pues una fuerza que no reconocía en mi me impulsaba hacia delante. Victima de mi testarudez, caí de nuevo, esta vez atenazado por una trampa.Probablemente yo mismo firmé los permisos a los cazadores que traficaban con pieles en aquella zona.


Lo siguiente que recuerdo es a dos indios que me estaban mirando mientras otros liberaban mi pierna de aquellos dientes de hierro que me desgarraban lentamente.

Semienterrado en la nieve…derrotado: Así me encontraron.
Había estado cerca de dos días prisionero en la trampa.

Me transportaron en una camilla de las que ellos utilizan, construida de ramas y helechos.Me llevaron a lo profundo del bosque, y se detuvieron en un claro iluminado por la amarilla luz de la tarde.
Los rayos del Sol se filtraban a través de mis parpados, los tenía tan hinchados a causa de la infección , que me dolía si intentaba abrir los ojos para ver lo que ocurría.

Escuché algunas voces de alarma, una de ellas se impuso a todas las demás. Acto seguido, me introdujeron en lo que parecía ser una cabaña redonda y oscura.

Unas mujeres entraban piedras calientes, depositándolas con reverencia en un hueco situado en el centro de la cabaña. Alguien las bañaba en agua, la cabaña se llenaba de vapor y el calor era tan asfixiante e intenso, que me creía morir. Mi estado físico era tan deplorable que no podía moverme y escapar.


Escuchaba a un hombre cantar y golpear un tambor a mi lado.
Perdí la noción del tiempo.

Las mujeres traían agua fresca y el hombre me cambiaba sin previo aviso unos emplastos que al principio ardían más que las llamas del infierno. Sin embargo, pasados unos minutos, me aliviaban y adormecían en ese sueño que solo conoce la fiebre.

Cuando despertaba me daba a beber un brebaje de corteza de sauce, aunque entonces no reconocía el delicioso sabor del sauce . Me parecía veneno y me ardía en las entrañas.
El indio loco quería matarme.


Cuervo Negro, ese era su nombre, así le llamaban las mujeres que se ocupaban del fuego que calentaba las piedras.
Cuervo Negro… implacable, sin rendirse, buscando aquel lugar del que provenía la enfermedad.

Empecé a comprender…pero no podía creer lo que estaba ocurriendo.

El Tejón no suelta su presa,muere antes de rendirse. Su fuerza proviene de las raíces de la tierra.
Cuervo Negro conocía la medicina del Tejón.

Pasaban las horas, interminables, y la herida que me ataba a la vida y a través de la cual me llamaba la muerte, parecía ser lo único real.


¿Porque? ¿Por qué quieren salvarme cuando yo he matado a más de los que pueden contar?
La fuerza de la bondad de este enemigo era tal, que nada podía acallar el asco que sentia de mi mismo.


Ya no me dolían los párpados, y como si el indio lo supiera, me liberó de la venda que los cubría…

Pasamos un largo tiempo en silencio.
Sentía su presencia en la oscuridad.
Lloré como un niño,como nunca había llorado.
Y el indio reía... Y no se reía de mí.

Las 16 varas de sauce que formaban la cabaña se estremecieron.

Sentí el pánico correr por la sangre de mis venas. Y acepté perderlo todo a cambio de nada. La muerte se sentó a mi lado y extendió su fría y blanca mano.

Volví a escuchar el canto de Cuervo Negro, no entendía las palabras, aunque su voz me recordaba las plumas de las águilas peinando el viento en las alturas. Nunca las había visto, pero ese debía ser el sonido.


Las mantas y pieles que cubrían la cabaña parecían brillar, el vapor impregnaba el ambiente, y las briznas de cedro y salvia se volvían azules en las piedras rojas.

El deseo de vivir renació en una parte de mí que había olvidado desde niño, cuando corría buscando parajes nuevos por descubrir,huyendo de las palizas de mi padre y del llanto de mi madre.

Comprendí porque Cuervo Negro quiso salvar al hombre que había exterminado a más de la mitad de las tribus, y comprendí porque lloré en la soledad de la muerte quebrantando las reglas. En la Academia me enseñaron que un soldado nunca llora ante la derrota. Nunca llora ante el contrario, nunca llora ante el enemigo...


Me quedé a vivir con los indios,nada me ataba ya al pasado, muchos creerían que estaba muerto o no me reconocerían. La expresión de mis ojos había cambiado; Hasta el color de mi piel estaba cambiando. Mis facciones y ademanes… Me estaba volviendo indio.

Los años más felices de mi vida los he pasado en compañía de los salvajes.
Esos a los que ustedes han seguido, perseguido hasta la saciedad y asesinado, son mi familia.

En esa mesa, junto al estrado, Sr. Juez, una mujer anota todo cuanto yo hablo. Díganme ustedes, como puede escribir el sonido de la voz de mi amigo y hermano Cuervo Negro.

¿Entienden el Rojo del ocaso que se pinta en las copas de los árboles?
Díganme, antes de ser ejecutado, que palabras hablan del amarillo Sol, de la blanca nieve...
Dígame, usted, que me mira desde la lejanía en su cómodo asiento, como explicar la grandeza de los verdes valles o la alegría azul del cielo de verano.
Contesten, si pueden, ustedes que creen que han dominado a la Madre Tierra con sus leyes y mandatos.

Díganme que hubiera sido de la vida de este hombre blanco, uno de los hijos predilectos de su nación, si los pieles roja … no le hubieran salvado a tiempo de su propia barbarie.



Y ustedes… ¿Que alegaran? ¿Que contestarán?

Veo que callan.

Háblenme, entonces de algo que conocen, o dicen conocer. Señoras y señores, háblenme por favor, de la piedad y el perdón, intenten que yo crea en su palabra, y demuéstrenme, con sus actos, que actuaron en nombre de un elevado principio, de un ideal que tienen por estandarte, de nombre libertad y por la que, un día, dicen, algunos dieron sus vidas.


No pueden, pues yo estoy aquí, de pie ante ustedes.
Y…si supieran las respuestas… tal vez también se volvieran salvajes.

- ¿Ha terminado? - Preguntó el juez impasible.
- Si, he terminado.





El Capitán Arrow pidió que constase en su orden de ejecución el nombre de Luna Ardiente.
Fue ahorcado un hermoso día de Primavera.Algunos lloraron su muerte, la gran mayoría se sintió aliviada, aunque un extraño malestar les acompaño mientras él les miraba a los ojos, sonreía.

La secretaria del juez guardó toda la documentación del proceso, pidió una excedencia que no tuvo final y envejeció intentando explicar los colores de la Naturaleza.

Tuvo hijos, y sus hijos le dieron nietos.Cuando en las claras noches de verano se sentaban a mirar las estrellas, les hablaba de la voz de un hombre que sonaba como las plumas de las águilas… danzando en el cielo.

2003-11-14 08:15 | 24 Comentarios


Vasijas





Cuento de las dos vasijas


Un aguador de la India tenía sólo dos grandes vasijas que colgaba en los extremos de un palo y que llevaba sobre los hombros. Una tenía varias grietas por las que se escapaba el agua, de modo que al final de camino sólo conservaba la mitad, mientras que la otra era perfecta y mantenía intacto su contenido. Esto sucedía diariamente. La vasija sin grietas estaba muy orgullosa de sus logros pues se sabía idónea para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba avergonzada de su propia imperfección y de no poder cumplir correctamente su cometido. Así que al cabo de dos años le dijo al aguador:
-Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir por tu trabajo.
El aguador le contestó:
-Cuando regresemos a casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.
Así lo hizo la tinaja y, en efecto, vio muchísimas flores hermosas a lo largo de la vereda; pero siguió sintiéndose apenada porque al final sólo guardaba dentro de sí la mitad del agua del principio.
El aguador le dijo entonces:
-¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Quise sacar el lado positivo de tus grietas y sembré semillas de flores. Todos los días las has regado y durante dos años yo he podido recogerlas. Si no fueras exactamente como eres, con tu capacidad y tus limitaciones, no hubiera sido posible crear esa belleza. Todos somos vasijas agrietadas por alguna parte, pero siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados.

Cuento anónimo hindú.



2003-11-11 17:57 | 9 Comentarios


Olmos





Ni un solo domingo, desde aquella tarde, he puesto los pies tras las herrumbrosas puertas de la iglesia.

Para goce y alimento de alcahuetas, cada fin de semana, el párroco nuevo , con la sotana recién planchada, salía al púlpito y elogiaba a los allí presentes orando asimismo por las almas perdidas: las que congregaban en la taberna, que por suerte no eran muchas.

Se adormilaba el hombre, entre rezo y rezo, y el monaguillo, acostumbrado ya, elevaba los brazos hacía los feligreses, incitándolos al canto, que entre risas y suspiros despertaba al ausente.

Yo esto lo se porque me lo contó el Faustino, el de la Dolores, que por no hacer rabiar a su madre, se apretaba el lazo al cuello y la llevaba del brazo.

Y cada tarde,que no fuera domingo, justos y pecadores, nos encontrábamos en bancos de piedra, en la Avenida de los Olmos, los mismos que ahora están enfermos, a beber el fresco vino de las bodegas y echar una partida al mus.

Y eso no me lo contó el Faustino. Porque a jugar y beber, y a mirar a las mozas, no me gana ni Dios.

En aquellos entonces, las puertas de las casas de la pequeña plaza se llenaban de sillas que guardaban la compostura de las viejas.

- ¡Leñe de niño ¡ - Gritaban cuando , tras merendar lo que hubiese, se escapaban los pequeños bellacos, corriendo a más no poder, tirachinas en mano, a los campos segados, a matar pájaros o cualquier bestia o bicho que se cruzase en su camino.

Las niñas se quedaban sentadas, en sus sillitas, aprendiendo a bordar, al lado de las abuelas, mirando con envidia como los futuros hombres y esposos se alejaban como espíritu que lleva el viento, hasta los límites del pueblo, los envidiaban ,al verlos llegar en la caída del ocaso... envidiaban aquella brecha en la frente o sus rodillas sucias y su ropa polvorienta, rabiaban al contemplar sus rostros de héroes de "Aqui no ha pasado nada".


Agua y jabón Lagarto, un cachete en el culo, y arreando, que es gerundio.

Las niñas debían saber hacerse apretadas las trenzas, secar los cubiertos después de comer y guardarlos en el cajón, los cuchillos no se lavaban con agua, que trae mala suerte, sabían también, aunque nadie les había explicado, que el día que aprendieran a bordar, podrían salir juntas a pasear en la tarde, como aquellas que pasaban ahora ante la puerta, con sus cabedlos anudados en un lazo blanco y sus zapatos embetunados.

Ni un solo domingo, desde que murió mi padre, he puesto los pies, y menos el espíritu, tras las herrumbrosas puertas de la iglesia.

Ni un solo domingo, desde aquella tarde de San Juan, cuando a la Rosa se le cayó el pañuelo perfumado, y al devolvérselo, colgué los hábitos.








2003-11-07 00:17 | 8 Comentarios


El Legado de Luna




Julia Butterfly Hill subió a una sequoya en California, pasó en ella 2 años.
Llamaron al árbol Luna, aúnque seguro que Julia soñó muchos otros nombres en el viento y el frio de la noche, seguro que Julia supo cosas que no nos cuenta en su libro, tal vez por eso siga escribiendo aún hoy, porque aún hay mucho que compartir y decir.

Era el año 1997.
Estar en un bosque de sequoyas es una de las experiencias más hermosas e intensas que un ser humano puede vivir.






2003-11-05 04:40 | 33 Comentarios


Kate Bush Red Shoes







Oh she move like the Diva do
I said 'I'd love to dance like you.'
She said 'just take off my red shoes
Put them on and your dream'll come true
With no words, with no song
You can dance the dream with your body on
And this curve, is your smile
And this cross, is your heart
And this line, is your path

Oh it's gonna be the way you always thought it would be
But it's gonna be no illusion
Oh it's gonna be the way you always dreamt about it
But it's gonna be really happening to ya
Really happening to ya
Really happening to ya'

Oh the minute I put them on
I knew I had done something wrong
All her gifts for the dance had gone
It's the red shoes, they can't stop dancing, dancing
And this curve, is your smile
And this cross, is your heart
And this line, is your path

'Oh it's gonna be the way you always thought it would be
But it's gonna be no illusion
Oh it's gonna be the way you always dreamt about it
But it's gonna be really happening to ya'

She gotta dance, she gotta dance
And she can't stop 'till them shoes come off
These shoes do, a kind of voodoo
They're gonna make her dance 'till her legs fall off

Feel your hair come tumbling down
Feel your feet start kissing the ground
Feel your arms are opening out
And see your eyes are lifted to God
With no words, with no song
I'm gonna dance the dream
And make the dream come true
I'm gonna dance the dream
And make the dream come true

She gotta dance, she gotta dance
And she can't stop 'till them shoes come off
These shoes do, a kind of voodoo
They're gonna make her dance 'till her legs fall off
Call a doctor, call a priest
They're gonna whip her up like a helicopter

Really happening to ya
Really happening to ya

You gotta dance....

2003-10-31 20:38 | 9 Comentarios


Hechizada











La canción vive en el vientre de una guitarra preñada ……juega…juega a vestirse y desnudarse de eternidad, volando de los dedos del artista a la pluma de mi mano , y me encuentra... entre una frase rota y un sueño de esperanza.

2003-10-30 20:23 | 28 Comentarios


Walt Whitman





...Carpe Diem, aprovecha el día.
No dejes que termine sin haber crecido un poco,
sin haber sido un poco mas feliz,
sin haber alimentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie
te quite el derecho de
expresarte que es casi un deber.

No abandones tus ansias de hacer de tu vida
algo extraordinario...
No dejes de creer que las palabras, la risa y la poesía
sí pueden cambiar el mundo...

Somos seres, humanos, llenos de pasión.
La vida es desierto y también es oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos convierte en
protagonistas de nuestra propia historia...

Pero no dejes nunca de soñar,
porque sólo a través de sus sueños
puede ser libre el hombre.
No caigas en el peor error, el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes...
No traiciones tus creencias. Todos necesitamos
aceptación, pero no podemos remar en
contra de nosotros mismos.

Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta el pánico que provoca tener
la vida por delante...
Vívela intensamente,
sin mediocridades.

Piensa que en tí está el futuro y en
enfrentar tu tarea con orgullo, impulso
y sin miedo.

Aprende de quienes pueden enseñarte...
No permitas que la vida
te pase por encima
sin que la vivas...

Walt Whitman

2003-10-30 18:49 | 8 Comentarios


Sueños Estrellados






Pasada la medianoche, la tormenta lejos de mi ventana.
Robando horas al sueño, aplazando el lento camino hacía el olvido, guerreando con la vigilia, leo.

"Entonces Varda abandonó el consejo y desde las alturas de Taniquetil contempló la oscuridad de la Tierra Media bajo las estrellas innumerables, débiles y distantes, e inició entonces un gran trabajo, la mayor de las labores de los Valar después de su llegada a Arda. Recogió el roció plateado de las tinas de Telperion, y con el hizo estrellas nuevas y mas brillantes preparando la llegada de los Primeros Nacidos; por eso, a a quien desde la profundidad de los tiempos y los trabajos de Eä se llamó Tintallë, la Iluminadora, los Elfos le dieron más tarde el nombre de Elentari, Reina de las Estrellas. También entonces hizo ella Carnil y Luinil, Nénar y Lumbar, Alcarinquë y Elemmírë, y reunió muchas otras de las antiguas estrellas y las puso como signos en los cielos de Arda: Wiwarin, Telumendil, Soronúmë y Anarríma; y Menelmacar, con un cinturón resplandeciente que presagia que la Ultima Batalla se librará al final de los días. Y alta en el norte, como reto a Melkor, echó a girar la corona de siete poderosas estrellas: Valacirca, la Hoz de los Valar y signo de hados."

"El Silmarillion, De la llegada de los Elfos, J.R.R Tolkien"



2003-10-30 18:37 | 2 Comentarios


Hojarasca y escarcha



Les dejo una estrofa de la canción que escucho ahora, confieso que la he robado de por ahí...

No suelen gustarme los refranes, pero a veces..parecen hechos como la mano al guante. ¿O era el guante a la mano? En fin...zapatera a mis zapatos...



Mándame en un sobre
tu sonrisa rota.
Yo te la compongo
que soy zapatero.
Que soy zapatero,
que soy zapatero remendón...








Ah! Disculpen...¿Que porque he escrito este post?

En la bolsa de la merienda de Ona me encontré esta nota:

"Ruego vista a su hijo/a con zapatos que NO TENGAN CORDONES, CON VELCRO.


GRACIAS."

2003-10-29 03:53 | 15 Comentarios


Recuerdos



Nosotros los indios sabemos del silencio. No le tenemos miedo. De hecho, para nosotros es más poderoso que las palabras.

Nuestros ancianos fueron educados en las maneras del silencio, y ellos nos transmitieron ese conocimiento a nosotros. Observa, escucha, y luego actúa, nos decían. Ésa es la manera de vivir.

Observa a los animales para ver cómo cuidan a sus crías. Observa a los ancianos para ver cómo se comportan. Observa al hombre blanco para ver qué quiere. Siempre observa primero, con corazón y mente quietos, y entonces aprenderás. Cuando hayas observado lo suficiente, entonces podrás actuar.

Con ustedes es lo contrario. Ustedes aprenden hablando. Premian a los niños que hablan más en la escuela. En sus fiestas todos tratan de hablar. En el trabajo siempre están teniendo reuniones en las que todos interrumpen a todos, y todos hablan cinco, diez o cien veces. Y le llaman "resolver un problema". Cuando están en una habitación y hay silencio, se ponen nerviosos. Tienen que llenar el espacio con sonidos. Así que hablan impulsivamente, incluso antes de saber lo que van a decir.

A la gente blanca le gusta discutir. Ni siquiera permiten que el otro termine una frase. Siempre interrumpen. Para los indios esto es muy irrespetuoso e incluso muy estúpido. Si tú comienzas a hablar, yo no voy a interrumpirte. Te escucharé. Quizás deje de escucharte si no me gusta lo que estás diciendo. Pero no voy a interrumpirte. Cuando termines, tomaré mi decisión sobre lo que dijiste, pero no te diré si no estoy de acuerdo, a menos que sea importante. De lo contrario, simplemente me quedaré callado y me alejaré. Me has dicho lo que necesito saber. No hay nada más que decir. Pero eso no es suficiente para la mayoría de la gente blanca.

La gente debería pensar en sus palabras como si fuesen semillas. Deberían plantarlas, y luego permitirles crecer en silencio. Nuestros ancianos nos enseñaron que la tierra siempre nos está hablando, pero que debemos guardar silencio para escucharla.

Existen muchas voces además de las nuestras. Muchas voces.




2003-10-24 20:16 | 8 Comentarios


Angelitos...






Se llama Biel, tiene los ojos azules y en su cabeza crecen espigas de trigo a modo de cabellos.

Cuando la ve, una sonrisa ilumina su cara redonda y bondadosa, pronuncia despacito su nombre, y se tropieza.

Se cae el suelo, ante la mirada divertida de ella, que se acerca y le da la mano y un abrazo.

- OOOOOOOOOOna…- dice él.
- Bieeeeeeeeeeeeeel…- Dice ella.

Y así todas las mañanas. Se ponen la bata y entran en clase, entre tropiezo y tropiezo.



2003-10-21 20:04 | 16 Comentarios


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